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otra forma de sentir

No está mal para empezar el año (lo siento, he sido vaga con mi blog pero he vuelto, como siempre suelo hacer...). Esta tarde he estado escuchando al señor Pedro Guerra. Tenía que hacerlo. Era una de esas tantas cosas apuntadas en mi lista de "cosas que hacer en esta vida" (o "cosas que hacen que la vida valga la pena", refiriéndome a la película del mismo título que hace poco vi). Tenía que hacerlo... Tuve que hacerlo para recordar. Quizás no sea ésta la palabra exacta (más que nada porque no te has ido, y porque nunca dejaré que lo hagas). De alguna forma sentía que tenía que estar cerca tuya, aunque paradójicamente ahora nos separan unos cuantos de kilómetros (aunque sea solo por un pequeño instante de tiempo). Pedro Guerra ha logrado llevarme contigo. Necesitaba darte un abracito, necesitaba reír contigo (aunque me temo que las risas no llegan hasta Roma...).
Y escuchando y leyendo sus canciones, encontré una que me hizo sonreír (más que otras), que me ha obligado a saborear más la vida (esto debería ser un derecho de todo ciudadano), que me ha hecho darme cuenta, una vez más, que he de CREER en MÍ.
y si le gusta andar descalzo por la ruta del sol
y caminar sobre cristales ardiendo
y si nació con el color de la mañana sin luz
si no se ve mirando en ese espejo
es el momento de crecer sabiendo bien la raíz
y de abrazar el tallo de otra rama
es el momento de crecer por dentro y fuera de ti
y de entender el fuego de otra llama
y si nació donde la lluvia no mojó la ciudad
donde la arena puso nombre a un desierto
y si vivió buscando el lado de su sexo real
si no te ves bailando en ese cuerpo
es el momento...
abre tus ojos y tu corazón
aprende a ver lo que no ves
otra forma de sentir
*besa nos besa y enciende
la luz de vivir*
y si le gusta descubrirse donde nadie miró
y decidir en qué momento esconderse
y si no dice nada por que nada quiere decir
y si quisiera ser ceniza y perderse
es el momento...
abre tus ojos...
besa nos besa...
Estás en mí, aunque no deba reconocerlo pero... me he cansado de repetirme cada día que todo guarda un mínimo sentido que a nuestros ojos no es visible, pero sabes que lo estás sintiendo, sabes que existe algo (y me he cansado de buscarlo... y de repetirme cada día que todo guarda un mínimo sentido...)
Un día me dije que llegaría un día en que dejase de buscar algo para sentir y empezase a vivir lo que estaba sintiendo.
Por Hermann Hesse
(foto: vacaciones de FranPan. Es alucinante)
¡Extraño vagar entre la niebla!
Solitario está cada arbusto y piedra,
ningún árbol mira al otro,
cada uno está solo.
Lleno de amigos estaba para mí el mundo
cuando mi vida era clara todavía;
ahora que la niebla cae,
nadie más está visible.
Verdaderamente, nadie es sabio
si la tiniebla no conoce,
lo inevitable y silencioso
de todo lo aparta.
¡Extraño vagar entre la niebla!
Vivir es estar solo.
Ningún hombre conoce al otro,
cada uno está solo.
Folie a diu (sigue...y lo que queda)
Después de un tiempo sin darle rienda suelta a la locura, después de que mis manos hayan intentado escribir algo decente, después de que me hubiese prometido volver a disfrutar de las cosas que me hacen disfrutar... Hoy, después de una promesa, lo he vuelto a hacer. No he podido resistirme. Esta vez la droga era más fuerte que otras veces, aunque no haya salido algo plausible, aunque nada de lo que diga se merezca un premio Planeta, a pesar de todo eso, mis dedos volvieron a volar entre letras, a balanzearse entre las ideas, a pisar tierra firme, a bailar como teclas de piano...
Daba vueltas al café, lo hacía girar y girar… Le gustaba formar ondas pequeñas, como ella lo llamaba. No dejaba de darle vueltas a esa frase. Sabía que aquello no era una coincidencia, no. Ella creía en las señales, y la naturaleza, con el rayo, consiguió que ella no echase a perder otra triste tarde de melancolía. No dejaba de darle vueltas… (Ni su mente). No quería salir de su ensimismamiento. La sonrisa del chico, su voz… No, se resistía a pensar que tan solo fuera una mera coincidencia. Esas cosas estaban hechas para los que jugaban con la vida, no para los que creían en ella.
No dejaba de darle vueltas… Y de sus ojos, de tanto voltear, manaron lágrimas, gotas pequeñas de ilusión que lentamente, derramadas por su rostro, le hacían entender que algo grande estaba naciendo dentro de ella.
La cuchara tocó fondo. Pagó el café y se marchó de allí.
De camino a casa, como era de costumbre, los versos se salían de su alma, las ideas, las metáforas, los ojos de la gente que ella tanto amaba. Suelen ser en esos momentos, en los que tus manos chocan con el aire cuando la inspiración se apodera de ti, y tu cabeza se convierte en un Quijote o en un poemario. Suelen ser en esos momentos, en los que tus pies, mecanizados por algún tipo de fuerza exterior, te dirigen hacia un estado de embriaguez mental, hacia un estado de insomnio… como si tu vida se tratase de un sueño y despertases, tan solo, en los momentos en los que la vida te sonríe. Y éste era uno de ésos. Su lista de “cosas que hacer en esta vida” había estado parada mucho tiempo, demasiado, y ahora había llegado el momento de seguir con ella. Por eso, mentalmente, como otras veces lo había hecho, anotó: “abrazar y que me abracen tan fuerte que no pueda ni respirar”.